Por Argelia Villegas López

Fotos: Enrique Chavero

Bajo el lema: “Dos culturas una pasión”, las compañías Viva Flamenco y Tango Vivo presentaron el espectáculo Tango Flamenco, que fusionó dos géneros musicales diferentes a través de la danza.

Una luna inmensa que siempre iluminó el escenario dio la bienvenida a un público apasionado, que desde el inicio de la puesta en escena vibró entre los lamentos flamencos y el canto de un melancólico bandoneón.

Con una narrativa de mano a mano, uno y otro género musical fueron tejiendo cuerpos, historias y ritmos.

Tango Flamenco. Foto: Enrique Chavero

Sombreros, abanicos, castañuelas, trajes flamencos de profundo carmesí y elegantes vestidos oscuros con aberturas, llenaron el escenario de una nueva fusión: el Tango y Flamenco que aun siendo de raíces profundas muy distintas, compartieron una danza profunda e intensa.

Bajo la dirección de Leticia Cosío, la compañía Viva Flamenco iluminó el teatro a través de las bailaoras: Leticia Cosío, Claudia Claveríe, Carmen Bautista y Maira Ortíz, José Miguel Moreno como Cante, guitarras de Pepe Jiménez y Ricardo Sánchez, mientras que Rodrigo León tocó la percusión.

Números solos, intercalados por números grupales llenaron la noche por momentos con clásicos tangos y taconeos, palmadas energéticas e incluso tambores.

Tango Vivo, compañía bajo la dirección de Freddy Potenza, también cantante, presentó a los bailarines Edgar Alí, Laura Muchenik, Valeria Lorduguin y Leonardo D´Aquila, Bandoneón: Raúl Vissi, Pianista: Carlos Matus, Violín: Ares Hernández y Luis Gutiérrez.

Tango Flamenco. Foto: Enrique Chavero

Uno de los momentos más intenso fue protagonizado por Martín Pérez con sus veloces y rítmicas boleadoras, seguidas de malambos argentinos.

Por momentos el público parecía dividido, pero al finalizar todos terminaban conquistados por el lenguaje universal de la danza que fusionó Tango y Flamenco mágicamente.

El diseño del vestuario fue realizado por Gitana MX y Valeria Lorduguin, el apoyo coreográfico fue realizado por Leticia Cosío, Freddy Potenza y Edgar Alí, mientras que el diseño de iluminación corrió a cargo de David Alejandro Guzmán y los zapatos de tango: Emilio Rojas.

La idea de fusionar dos distintos géneros musicales con profundas raíces fue por el productor y director escénico Edgar Fernando Cruz, quien ubicó el relato de la obra en los años cincuenta.

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