Laura Trejo Cortés (lautrecortes@danzarevista.mx)

Hace más de 10 días del asesinato de una mujer de 22 años en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM): Lesby. A raíz de lo sucedido, surgieron tweets con el hashtag SiMeMatan. Estamos en un momento en el que se nos ha hecho costumbre enterarnos de desaparecidos: los 43, los niños de la guardería ABC, las muertas de Juárez, los periodistas, activistas, los de Atenco, los de Tlatlaya…

#QueNoSeNosHagaCostumbre

La semana pasada la mayoría de mis contactos en Facebook usó el #SiMeMatan para revelar mucho de su vida y actividades, principalmente mujeres que se dedican a bailar profesionalmente. ¿Qué lleva a las mujeres a escribir o a no hacerlo,  a expresarse a través de su cuerpo, o no?

#BailarEsExpresar

Si bien se asocia a dichas artistas con su cuerpo atlético y la belleza que logran al ejecutar e interpretar formas, pasos, personajes, etcétera,  muy poco se habla de lo que piensan. Bailar es una manera de manifestarse. También es un lenguaje y, como tal, proviene de un flujo pensamiento: elegir los conceptos y realizar las metáforas con movimientos; seleccionar la música, las pausas, los matices y calidades al crear una coreografía sería lo equivalente de elegir los elementos ideales para escribir un buen poema.

#EscribirParaSerVisible

Al leer el viernes pasado los textos de mis conocidas descubrí que, aun cuando ellas se expresan la mayor parte del tiempo con su cuerpo, muy rara vez escriben lo que sienten o piensan. Estuve cavilando toda la tarde: si se atrevieron a escribir fue porque ese crimen detonó en ellas algo que las tocó transgrediendo su arte y su manera de comunicarse. Pasé del asombro al coraje, de la tristeza al orgullo. Lamentablemente, es en estas ocasiones cuando  resalta la palabra de las mujeres que no escriben, las cuales dejaron por un momento el lenguaje del cuerpo para darse a las letras.

¿Qué fue lo que salió a la luz con estas voces escritas de bailarinas? Los estigmas que ha impuesto la sociedad al gremio dancístico.

#Voz

Si me matan, dirán que fue un crimen pasional, o desaparición forzada, o un ajuste de cuentas, o que tenía relación con la mafia, pues estaba de gira y después de dar una gran función decidí ir a un bar en la noche en el cual bailé toda la madrugada, me drogué, alcoholicé y me reuní con 10 personas: mis únicos amigos.

Si me matan, se enterarán de que fue por tener el cuerpo de una mujer guerrera de brazos y piernas fuertes, que vestía de muchos colores y usaba aretes distintos cada día, además de ponerme shorts y blusas sin mangas a pesar de las miradas. Comentarán que fue por haber estudiado danza y letras —mujer que sabe latín— y no haber elegido una carrera que fuera mejor pagada.

Si me matan, sabrán que fue por haber tenido un celular viejo sin whatsapp, cuyas llamadas de números desconocidos no contestaba. Contarán que me asesinaron por vivir de noche y dormir durante la mañana. Por enamorarme varias veces y al mismo tiempo; por haber tenido amantes y roto corazones; por haber seducido y besado a quien he querido; por haber abortado y escrito sobre ello; por no dejar que me jalaran el cabello, o que me dijeran pendeja. Mencionarán que fue por alejarme de quien me dañó; por haber terminado con relaciones que me sofocaron; porque hubo hombres y mujeres que me acosaron y los mandé a la chingada; por haber dicho: “no quiero”, “no me gustas”, “no quiero tener sexo contigo”.

Si me matan, se anunciará en los medios que fue por haber hecho lo que deseé, por imaginar, por contar lo que me sucedía; porque me gustaba comer y estirarme aunque fuera de mala educación; porque amaba dormir y escribir más que convivir. Por haber cenado con desconocidos y haber acudido a pocas fiestas. Por haber sido hija única de carácter fuerte y responsable, un poco loca, un mucho sonámbula y un tanto bella que se sonrojaba a la mínima provocación; por no haberme casado ni tenido hijos a mis 32 años. Opinarán que fue por haber tenido el cabello corto o muy largo; por bruja, por Medea, por tener un nombre; porque no me gustaba la injusticia.

Si me matan habrá sido por haber hecho teatro, haber cantado o haberme subido a la cuerda tensa y pararme de manos. Revelarán que fue por venganza al no haber aceptado hacer un desnudo en un escenario, o por haberme quejado y no haber tolerado a personas, situaciones ni proyectos que denigraban a mis compañeros y a mí misma. Justificarán mi muerte por no haber estado en casa temprano, pues me la vivía en ensayos, leyendo, comprando libros o escuchando radio; por trabajar en escuelas, ferias de libros, funerarias y en varias compañías de danza. Dirán que fue porque soñaba, bailaba y actuaba con mis muertos, con vivos, con seropositivos, homosexuales, lesbianas, dealers y expenitenciarios.

Si me matan, díganles a mis papás y amigos que encontrarán muchos porqués de mi muerte, mas nunca se dirá que nada justifica un feminicidio. Ojalá que mi deceso sirva para que escriban otras mujeres y sepan de mis trabajos y mis nombres: María (madre), Carmen (abuela), Asunción (hermana), Victoria (prima), Rafaela (tía), Margarita (recepcionista), Lucía (vendedora), Ana (maestra), Denis (pedagoga), Emily (escritora), Paloma (enfermera), Alma (coreógrafa), Samantha (actriz), Sonia (compositora), Andrea (ciclista), Virginia (masajista), Guillermina (bióloga), Blanca (cocinera), Norma (abogada), Gabriela (sonidista), Cinthia (chofer), Irene (instructora), Némesis (química), Violeta (mesera), Mitzy (empresaria), Rosa (cajera), Rita (agente de viajes), Neré (psicotearapeuta), Miriam (piloto aviador), Tania (estilista), Francis (ingeniera), Natalia (cineasta), Marisa (correctora de estilo), Berenice (cocinera), Layla (prostituta), Betina (defensora), Bertha (defensora de bosques), Nestora (comandanta), Evangelina (periodista), Beatriz (activista),  Laura (bailarina).


Fotografía de portada: Escultura de Paige Bradley

Sobre El Autor

Revista virtual de danza y disciplinas afines. El objetivo es ampliar la cultura de la danza en la población, creando un espacio para la expresión de distintas formas de pensamiento en el ámbito danza y que se reconozca el papel social de lo profesionales que lo ejercen.

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