Por David Flores Rubio

La pasión por la danza tiene su templo supremo en el Palacio de Bellas Artes. Llegar a su escenario jamás es fácil: se trata de un honor que se construye con décadas de entrega y disciplina, de sacrificio y amor.

Tan solo por estar ahí, toda puesta en escena es garantía de calidad: las obras se preparan con meses de gran dedicación e interminables ensayos, las bailarinas y bailarines preparan sus cuerpos, sus mentes y sus emociones con el rigor de entrenamientos exhaustivos, para dar la función de sus vidas, buscando la explosión creativa además de una interpretación perfecta.

Ya en cuenta regresiva hacia la temporada de danza en el Palacio, coreógrafos, bailarines, maestros y directivos de México, Cuba y Japón nos narran lo que sintieron al pisar el mismo escenario que Rudolph Nureyev, Pina Bausch, Julio Bocca, Alicia Alonso y Maurice Béjart, además del Bolshoi, el Ballet Nacional de Cuba y el ballet de la Ópera de París.

Leamos las palabras de estos creadores de excepción que al danzar escribieron sus nombres en la luminosa historia del Palacio de Bellas Artes.

“La belleza y majestuosidad del Palacio se apropian de tu alma, al salir te la devuelven fuerte y decidida a seguir bailando por siempre.”—Jessica Sandoval.

“Desde niña era un sueño bailar en el Palacio de Bellas Artes y cuando se hace realidad solo pasa por mi cabeza agradecer a la vida por tan bella recompensa… Disfrutar lo que más me gusta hacer en el escenario más importante del país.”—Ana Elisa Mena

“Hay una energía muy singular en el momento presente del arte escénico, incaptable por las cámaras y probablemente por el ojo humano, un vaivén de complicidad eléctrica que emerge entre observador y hacedor. En el Palacio Bellas Artes esta energía es singularmente vívida y perceptible, es un vigor estrechamente gozoso y aprovechable en el instante de la efímera creación. Como bailarín, el haber creado el poderoso vínculo y tener certeza y lucidez de la emoción y el mensaje transmitido en este recinto, ha sido la mayor satisfacción de mi carrera profesional.”—Rodrigo Aryam.

“El Palacio de Bellas Artes es la casa para las artes en Mexico y ha sido mi hogar que con calidez me ha permitido compartirlo a través de la danza, la ópera y el teatro. Es la casa que es tu casa, mi casa, nuestra casa. La experiencia es fue, es y seguirá siendo de gran orgullo, responsabilidad y crecimiento. Primero como bailarín y además como creador escénico en uno de los recintos con más tradición, presencia y proyección de Mexico y el mundo.”—Marco Antonio Silva.

“Lo primero que pensé cuando abrió el telón fue: Gracias Dios por permitirme estar aquí, no me permitas fallar. Y al terminar me dije a mí mismo: Todo el esfuerzo que has hecho hoy tiene sentido, valió la pena todo el sacrificio. Gracias.”—Jairo Cruz.

“Al bailar en el palacio mi cuerpo se sentía fuerte, ansioso por dar todo de sí. Al estar en el centro del escenario, la coreografía demandaba movimientos que me hacían mirar hacia arriba, donde mis ojos se encontraban con ese majestuoso vitral, que me recordaba que no estaba soñando, y me hacía sentir tan pequeña y tan grande a la vez. Con tantos sentimientos juntos, cada tanto mis ojos se llenaban de agua y mi piel se erizaba, recordándome lo afortunada que era por estar ahí haciendo lo que más me gusta, a lo que he dedicado mi vida: la danza.”—Paulina Segura.

“Bellas Artes siempre representa la satisfacción de presentar tu trabajo en el recinto con más tradición en nuestro país. Emoción, satisfacción, gozo, compromiso… Pero sobre todas las cosas, ver tu obra en un marco inigualable hace saltar todas las emociones, una continua vibración.”—Jaime Camarena.

“Sin duda es el recinto más bello e imponente en el que he bailado. Pero a pesar de haber estado tantas veces en su escenario principal, a mi memoria viene que de niña pensaba en sus pisos de mármol como una gran pista de hielo en la que hacía derrapar mis zapatos, mientras veía reflejada mi silueta que intentaba dibujar alguna estilizada figura de baile. Es tal vez el recuerdo más preciado que tengo del Palacio, mi ilusión infantil.”—Dionisia Fandiño.

Cupula de el Palacio de Bellas Artes

“Tener la oportunidad de presentar mis obras en Palacio de Bellas Artes es un reconocimiento a mi trabajo como coreógrafo. Es muy emocionante, porque la exposición es mucho más amplia y me obliga a mantener un estándar de calidad comparable a cualquier compañía extranjera que se haya presentado en ese recinto. Laleget se ha presentado en tres ocasiones, la primera en el 2013 con Petrushka. La última vez fue en una coproducción con la Compañía Nacional de Danza donde se presentaron cuatro obras de mi repertorio, con gran éxito. Me llena de emoción presentar ahora Manasés y la esquizofrenia un solo con el que he viajado a Latinoamérica y Europa False Cognate y el estreno en México de The Coat después de un gran éxito en Ámsterdam a principio de año.”—Diego Vazquez.

“Curiosamente me sentí muy arropada por el escenario, porque pensé que tal vez ese espacio tiene una energía bondadosa de todas las personas que suben ahí con la intención de darlo todo, dar lo mejor. Lo primero que hice fue agradecer estar ahí, e intentaba visualizarme desde el público porque la perspectiva estando ahí es muy distinta y quería poder llenarlo todo y llegar a todos los rincones.”—Paulina del Carmen.

“Antes de bailar estoy nerviosa. Pero la confianza que me da el tiempo que estuve en salón, los días de ensayos, entrenamientos y todo el trabajo duro me ayudan a dar un paso al escenario y dar lo mejor de mí.”—Mayuko Nihei.

“Al estar en Bellas Artes se siente una energía que en pocos otros lugares. Me atrevería a decir que es como una magia. Desde su majestuosidad arquitectónica hasta la noción del calibre de personajes que se han presentado ahí hacen a uno equiparar el sentimiento con el que te invade cuando estudias los astros y el universo; cómo uno es tan pequeño, y a la vez cómo uno desde su mismo cuerpo y su mismo presente está viviendo esa experiencia y está compartiendo con toda esa inmensidad que ha pisado ese gran foro.”—José Corral.

“Lo increíble del Palacio de Bellas Artes es que el público está viendo el 10 por ciento de lo que está sucediendo: atrás del escenario hay toda una ciudad divertidísima con cientos de personas trabajando, talleres, nervios, salones espectaculares, fantasmas… y cuando entras al foro, a pesar de que la bóveda oscura en la que está el público es inmensa, te sientes muy acompañada y segura, muy arraigada al piso, a diferencia de otros teatros, porque la energía y la calidez de todos los que han bailado ahí se queda y te acompaña.”—Marisol Cal y Mayor.

“Desde el escenario, mi ventana personal, experimenté uno de los estados más sensibles como intérprete. Contemplar uno de los mas bellos paisajes que la vida dancística te puede dar. Los 60 minutos más amorosos, afectivos, energéticos y transformadores que tu cuerpo puede entregarle a un espacio, eso es el Palacio.”—Francisco Córdova Azuela.

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