Select Page

Operación de rodilla

Operación de rodilla

Laura Trejo Cortés / lautrecortes@danzarevista.mx

Ese martes durante un ensayo me tronó la rodilla. Decidí ir al hospital, comenzaba a dolerme la pierna y no podía flexionarla del todo, aunque no se veía inflamada ni con moretón, más me valía acudir con un profesional.

A las nueve de la noche me revisó una doctora —de cuyo nombre no quiero acordarme—, me dijo que necesitaba una operación costosísima para colocar un injerto en alguna parte de la pierna y clavos en mi peroné. No le creí: “Buscaré otras opiniones”, pensé. Pasaron varios días. Acudí con varios médicos, ninguno me convencía.

En ese tiempo me entrenaba en el Conservatorio de Danza del profesor Guillermo Maldonado y le pregunté si conocía algún especialista: “Llámale al doctor Marco Villanueva Sámano, él me operó hace algunos años”.

Hice cita con el ortopedista no sin antes realizarme una resonancia magnética. En la consulta, después de examinar la rodilla y los resultados del estudio, su diagnóstico fue una cirugía ambulatoria, sencilla al parecer, retiraría una plica[1] por medio de artroscopia —nada de clavos, injertos, ni de tantos miles de pesos—; me comentó que podía optar por no retirarla, pero frecuentemente crujiría la rodilla y sentiría dolor, lo que me ocasionaría dejar de bailar por temporadas. Villanueva Sámano me dio confianza, fue muy claro en sus explicaciones y respuestas a mis preguntas.

Ahorré durante poco más de tres meses y pedí prestado; di las funciones que tenía programadas y me informé del procedimiento: estaría menos de un día en el hospital para reducir gastos; después, ya en casa y de pasar por un proceso inflamatorio, al tercer día podría empezar a caminar y comenzar la terapia de rehabilitación. Así fue.

La semana santa estaba cerca y consideré que en esos días fuera la operación para aprovechar las vacaciones y recuperarme. El viernes santo en el quirófano me aplicaron la anestesia raquídea[2], comencé a dormir poco a poco y lo último que me preguntó el doctor Villanueva fue: “¿Tienes el cabello corto verdad?”. Asentí, cerré los ojos y pensé en lo extraño de la pregunta.

El domingo de resurrección intenté bañarme sin mojar el vendaje. Todo un desastre: se me empaparon las vendas y tuve que retirarlas para evitar infección en las pequeñas heridas —dos puntos de apenas milímetros—. Al descubrir la rodilla no daba crédito. ¡Tenía dibujada con plumón una cara con cabello corto! Esbocé una sonrisa.

A la semana comencé a rehabilitarme y a bailar de nuevo. A la fecha, sigo sin molestias.

Este texto es un pequeño reconocimiento para el profesor Guillermo Maldonado y el médico Marco Villanueva quienes hace poco más de un mes tuvieron un merecido homenaje en el Teatro de la danza.

(No menos importante sería escribir acerca del seguro médico que requerimos los bailarines y sobre nuestro proceder cuando tenemos alguna emergencia, o sobre algunos (pseudo) médicos que por cualquier cosa quieren cortar, poner clavos y cobrar miles de pesos, sin embargo dejo aquí el tema para siguientes entregas. Yo corrí con suerte, pero no siempre es así).

 


[1] Para más información sobre plicas leer este artículo:  http://ortopediadeportiva.com.mx/r10.html

[2] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/007413.htm

About The Author

Danza-RevistaMX

Revista virtual de danza y disciplinas afines. El objetivo es ampliar la cultura de la danza en la población, creando un espacio para la expresión de distintas formas de pensamiento en el ámbito danza y que se reconozca el papel social de lo profesionales que lo ejercen.

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

ANUNCIOS

-

Facebook

Twitter

Anúnciate aquí