México, 4 diciemmbre de 2016.

En la parte Oeste de la prefectura de Shimane, en la región de Iwami, Japón, la noche del festival de Otoño se realiza en muchos templos de la ciudad una danza folclórica en la que Orochi (gran serpiente) es admirada por sus dinámicos movimientos.

Esta vez fueron los capitalinos quienes, en el marco del Festival Japón 2016, disfrutaron de la tradicional función en la Plaza de la Música del Centro Nacional de las Artes, donde se llevó a cabo esa representación del folclor japonés, denominada Iwami Kagura.

Cuatro intérpretes tocaron diferentes instrumentos y ambientaron mientras el personaje principal ofrecía una danza tradicional en medio del escenario. Vestido con una túnica dorada y una máscara, el hombre bailaba al ritmo de la melodía tradicional.

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Al terminar, uno de los músicos pronunció una narración para dar continuación a la escenificación, tras este puente, aparecieron a cuadro tres personajes más, dos ancianos y una mujer joven, los tres con sus clásicas túnicas verdes y blancas, todos enmascarados.

Entraron haciendo su respectivo ritual, ofreciendo una canastilla roja al personaje principal. Minutos después, un humo blanco inundó el escenario para dar pauta a que los míticas serpientes con cabeza de dragón aparecieran.

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Poco a poco los animales abordaron todo el templete. Un mar de colores se apropió del escenario, morados, grises y rojos destacaban entre los movimientos dinámicos que las serpientes realizaban, entre ellas o cada una.

Uniendo sus cuerpos en espiral al ritmo de la música, los tradicionales personajes formaron figuras en diversas ocasiones. En un ritual de apropiación emitían un mensaje de ser las dueñas del lugar, hasta que surgió una vez más el hombre principal.

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Al observar el mar de cuerpos moviéndose, el hombre tomó su espada y comenzó la lucha contra los seres mitológicos, estos lo envolvieron entre sus escamas y se defendieron pero el hombre no desistió hasta que uno a uno los fue asesinando con su arma.

Después de combatir contra ellos, obtuvo las cabezas y las colocó en línea frente a los espectadores que, asombrados, aplaudían en cada victoria.

Tras terminar con todas las serpientes, los ancianos, la mujer y el caballero culminaron la representación con una danza más, en la que expresaban la alegría del triunfo, para luego, despedirse del público con una reverencia.

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Imágenes: dondeir.com, cenart.com

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