Por Argelia Villegas López

Por momentos el escenario parece una pintura surrealista y sus personajes salidos de un cuento, transitan en una danza limpia y suave, el cuadro completo cautiva pero no es un lienzo; se trata de la Cebra Danza Gay que festejó su XXII aniversario la noche de este jueves.

De la oscuridad emerge un paisaje desolado, repleto de hojas secas que se va llenando de una luz suave, mientras cuatro personajes bailan e inician un diálogo metafórico que evoca la partida, la pérdida tal vez, pero matizado con movimientos dulces que provocan no quitar los ojos de la escena.

Se trata del estreno La Tarde del Viernes, pieza con la que la agrupación inició su noche de gala para conmemorar 22 años de lucha en los escenarios, más de dos décadas dando voz, visibilidad y reconocimiento a la comunidad LGBTTTI.

Miradas sorprendidas, corazones cautivados y aplausos que parecen no terminar fue la respuesta de la audiencia, que a pesar de la lluvia, llegó puntual al Teatro de la Danza.

El programa que preparó el director y fundador de La Cebra Danza Gay, José Rivera Moya, no pudo ser mejor; versatilidad y magia fueron constantes en su danza que supo ir de la nostalgia al erotismo, de la sensualidad a la tristeza, del silencio al estupor.

El discurso dancístico regaló un viaje elevado y diferente, como solo éste grupo de bailarines lo saben hacer: ir más allá de la danza y cruzar el escenario hasta ejercer la atracción de un imán en el público.

Con música de W.A Mozart, llegó Estudio sobre el número cinco “Sisinco”, obra bien lograda con un acento lúdico y fresco, siguió El Soldado y el marinero, que a ritmo de tango narró la historia de un amor gay.

El colegio militar, fue la creación de José Rivera Moya, que cuestionó temas de homofobia, doble moral y seguridad, la pieza fue realizada en 1998 y está inspirada en Jean Genet, novelista francés que a través de su obra expresa una fuerte rebelión contra los valores sociales tradicionales.

El momento climático llegó cuando el artista, sostenido en unas muletas y tacones muy altos, dio vida a Cartas de Amor, considerada su obra más personal, dio voz a quienes padecen VIH Sida, tocó miradas y corazones con una profunda reflexión a través de soliloquios dedicados a la comunidad LGBTTTI.

Jesús Chacón, Paúl de Jesús, Fernando Hurtado, Frago Peña, Rafael Rodríguez  Omar Vélez y Rivera Moya integrantes de la compañía, cerraron con broche de oro interpretando Equinos en busca de sangre, el segundo estreno preparado para la función de gala.

La obra fue la más aplaudida y hace referencia a la vida nocturna citadina, a ritmo de jazz, los bailarines presentaron una danza atrevida y sensual; montados en sendos tacones y plataformas hicieron muestra de su gran destreza para conquistar al público y sembrar su mensaje.

Al finalizar, José Rivera Moya, quien además de fundar La Cebra Danza Gay, también es productor, diseñador de la iluminación, vestuario y escenografía de la puesta en escena, dedicó unas palabras para agradecer y dedicar la noche de este jueves a un bailarín que pertenecía a la compañía y recién falleció.

Las próximas funciones serán también en el Teatro de la Danza Guillermina Bravo del Centro Cultural del Bosque, este viernes 29 de junio a las 20:00, el sábado 30 a las 19:00, así como el domingo 1° de julio a las 18:00.

En la escena dancística, la compañía se ha mantenido leal a su propuesta incluyente donde prevalece la libertad y reconocimiento para la comunidad LGBTTTI.

Desde su fundación, el grupo representó un parteaguas al establecer un concepto de danza gay en circunstancias adversas que estigmatizaban a la comunidad LGBTTTI, su trabajo ha recibido reconocimientos por su labor social y artística como el homenaje recibido en 2001 por parte de la UAM y el haber representado a México en la X Bienal de la Danza de Lyon, Francia, en 2002.

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