Por Argelia Villegas López

Una mujer enferma de tiricia se enreda en sus cabellos. De mirada angustiada y caminar accidentado inicia una danza dolorosa.

Por momentos el Teatro de la Danza Guillermina Bravo, se transforma en una cueva o un cielo tormentoso donde la danza de Paula Villaurrutia va desgranando su proyecto coreográfico FLORES BLANCAS (cuando llorar no se puede).

Paula es un pájaro perdido, una mariposa ciega, una loba herida que hipnotiza con su baile y también atrapa al público con la poesía de su taconeo.

Divaga mientras suelta sus cabellos, intenta danzar, pero se enreda una y otra vez. No sabe qué hacer; hablan sus ojos, se entumecen sus manos y su mirada salta del escenario en busca de ayuda.

La tiricia golpea, desespera y cuestiona todo. Ningún remedio casero ayuda. Nadie sabe qué sucede, sin embargo todos se conectan al corazón doliente que danza entre penumbras y reflexiones.

Paula Villaurrutia, coreógrafa y creadora del montaje, matizó la narrativa corporal con música aliciente en todo momento: fandango, guitarras, sones tradicionales y al final una valona que llena de poesía y luz el escenario.

¿Cómo se cura un corazón enfermo de tristeza? ¿Qué es la tiricia? ¿Tiene alivio?, el montaje FLORES BLANCAS (Cuando llorar no se puede) tiene todas las respuestas, la obra se presenta hasta el próximo 9 de julio en el Teatro de la Danza Guillermina Bravo a las 20 horas.

Con una duración de 45 minutos, la pieza constituye uno de los trabajos más importantes de Paula Villaurrutia en su búsqueda por construir un lenguaje dancístico propio, en formato unipersonal, la pieza está inspirado en los textos “La Tiricia” de Rubén Luengas y “Trenzaré mi tristeza” de Paola Klug.

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