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José Limón, el “toro” que revolucionó la danza masculina

José Limón, el “toro” que revolucionó la danza masculina

Por Adriana Góchez

Un hombre que al bailar imprimía la fuerza de un toro y la majestuosidad que hay en el vuelo de un águila, un visionario que reivindicó la figura masculina en la danza moderna, un coreógrafo que dejó como herencia piezas que hoy siguen siendo un referente, un mexicano que rebasó todas las expectativas a pesar de los peores pronósticos… en resumen, un apasionado de la danza.

Así es recordado el fallecido coreógrafo y bailarín José Limón a cien años de su nacimiento. El joven que a sus 20 años quedó cautivado con la danza del expresionista Harald Kreutzberg y a una edad tardía comenzó su formación como bailarín en Estados Unidos, país al que llegó a los siete años.

Aunque su fecha de cumpleaños era el 12 de enero, el originario de Culiacán, Sinaloa, consideraba que su segundo nacimiento fue al descubrir la danza, a principios de 1929.

Sus padres biológicos fueron Florencio Limón y Francisca Traslaviña, pero eligió como padres artísticos a Isadora Duncan, “su romántica incurable”; y a Harald Kreutzberg. Como tutores adoptivos a Doris Humphrey y Charles Weidman; y como abuelos a Ruth St. Denis y Ted Shawn.

La pavana del moro.

Con las enseñanzas que le proporcionó esa “familia artística” se convirtió en el máximo exponente de la danza moderna aunque sus inicios fueron como el de un boxeador que a fuerza de golpes y astucia logra vencer a su rival: dedicó largas jornadas de entrenamiento para hacer su danza “intensa y completamente humana”.

“Por algún tiempo tuve mis dudas sobre ti, pensaba decirte que no perdieras tu tiempo y regresaras a tu pintura, que jamás serías bailarín. Ahora creo que vas a ser una de las personas extraordinarias del mundo”, alguna vez le dijo Humphrey, recuerda José Limón en Memoria inconclusa.

Humphrey no se equivocó. Pronto el creador de Los cuatro soles comenzó a ser alabado por los críticos de la época, quienes destacaban que en el escenario no había hombre que se le asemejara, pues José Limón llevaba todo al límite.

A los dos años de iniciar sus clases como bailarín comenzó a montar sus propias coreografías, creaciones en las que siempre buscó “dar forma a demonios, santos, mártires, apóstatas, locos y otras visiones apasionadas y apasionantes”, se destaca en el libro La técnica ilustrada de José Limón, de Daniel Lewis.

Lo anterior lo consiguió con maestría en obras como La Malinche, El traidor, Ofrenda coreográfica, Hay un tiempo, Missa brevis y La pavana del Moro. Ésta última lo consagró al grado que es una de las piezas emblemáticas del siglo XX y actualmente se sigue montando, claro, bajo la supervisión de la Fundación de Danza José Limón.

Otro de sus éxitos fue lograr que la Compañía de Danza José Limón, fuera la primera agrupación de danza moderna de EU en hacer giras en el extranjero, lo cual abrió las puertas del mundo a compañías como las de Graham.

Sin duda, la aportación de su técnica, que se enseña en más de 200 instituciones dedicadas a la danza, es otro de sus grandes legados, desafía constantemente la gravedad. Además, la respiración juega un papel fundamental.

En palabras de Héctor Chávez, se caracteriza por “el uso de la gravedad, del peso corporal y de la respiración para imprimir fluidez al movimiento y, el concepto de orquestación del cuerpo, donde cada parte de él es un instrumento que desarrolla secuencias simultáneas”.

Por todo lo anterior, es que en este mes que se celebra el Día Internacional de la Danza, recordamos al ícono de la danza, José Limón.

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Danza-RevistaMX

Revista virtual de danza y disciplinas afines. El objetivo es ampliar la cultura de la danza en la población, creando un espacio para la expresión de distintas formas de pensamiento en el ámbito danza y que se reconozca el papel social de lo profesionales que lo ejercen.

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