México, 4 de Abril de 2016

Como parte de la serie Testimonio Musical de México, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) editó el disco “Un suspiro al trovador, legado musical del siglo XIX”, que reúne 13 obras, entre canciones, piezas para piano solo, marchas e himnos.

El volumen 63 de esta colección da cuenta de la rica herencia sonora que dejaron los músicos de ese periodo que retoma la influencia de la música vienesa e italiana y sienta las bases de lo que habrá de conocerse como la música mexicana de concierto.

Juan Ramón Sandoval

Juan Ramón Sandoval

El pianista e investigador Juan Ramón Sandoval, coordinador del material, explicó que “rescatamos autores poco conocidos, cuyas piezas reflejan diferentes momentos del proceso histórico de consolidación del país, a través de las asimilaciones y transformación de la música europea que llegó”.

En declaraciones al INAH, agregó que el material seleccionado corresponde a obras de compositores mexicanos identificados del siglo XIX, ya que en la colección del museo hay obra de autores anónimos y europeos.

En los archivos del Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec, existe un lote importante de partituras de la autoría de grandes autores nacionales.

La colección está integrada por 140 obras musicales, que se resguardan con gran celo por constituir uno de los tesoros musicales de mucho aprecio en el país. Una de las joyas en este rubro es la partitura del Himno Nacional Mexicano, de la autoría de Francisco González Bocanegra y música de Jaime Nunó.

Entre las composiciones, que por primera vez han sido grabadas, figuran de Jesús Valadés, compositor de quien se tienen pocas referencias y cuyas obras cuentan con reminiscencias del bel canto italiano, aunque el desarrollo melódico que se plantea en cada una de ellas remite a un cierto “color” o “sabor” que estará presente en la canción mexicana de finales del siglo XIX y principios del XX.

De este autor se presentan las canciones “El suspiro de amor”, “El corazón” y “Un suspiro al trovador”, así como el himno “Al genio de la guerra”; “Gran himno patriótico dedicado al Exmo. Sr. General Presidente D. Miguel Miramón”, loa compuesta para el político y militar que participó en la Batalla del Castillo de Chapultepec, en 1847.

La grabación incluye las cuadrillas (danzas) de Antonio Valle con el tema “Los zuavos”, que remite a la Intervención francesa y a los soldados del cuerpo de infantería galo en Argelia, obra que es un ejemplo de la influencia de los acontecimientos históricos en la creación de una pieza musical.

Está integrada por cinco danzas, se caracteriza por su música sencilla y un movimiento lírico-melódico que tiene cierta sonoridad italiana; esta composición tenía una función social recreativa y de galanteo, que en este caso se tomaba como un elemento de mofa hacia los invasores europeos.

Del reconocido compositor Melesio Morales se grabó la contradanza “La crinolina, baile de figuras” (para parejas que realizan movimientos suaves y refinados) con origen en la country dance inglesa de los siglos XVI y XVII, la cual llegó a la Nueva España a finales del XVIII.

Abundio Martínez, ícono de la música popular del Porfiriato, participa con “In memoriam”, himno fúnebre dedicado a Francisco I. Madero, con letra de José G. Rangel Mayorga.

La música de esta partitura refleja un carácter contrastante entre el coro (lánguido y contemplativo) y las estrofas, que tienen un aire más festivo, muy recurrente en las composiciones militares en el siglo XIX en México.

El vals “Recuerdos y lágrimas”, de Miguel Alvarado Ávila (cuyas obras fueron escritas básicamente para banda), sintetiza la frescura y espontaneidad sonora de Juventino Rosas, con el lirismo y la pasión de Felipe Villanueva; “eso lo coloca como uno de los mayores representantes del romanticismo musical en México hacia finales del siglo XIX”.

Mención aparte merece el trabajo hecho por artistas para ilustrar las portadas de las partituras, como el realizado por el litografista y grabador Hesiquio Iriarte.

“El México finisecular y de principios del siglo XX podría considerarse único en la historia de la música en el país, ya que la escena musical se consolidó con la publicación de partituras a mayor escala para su venta al público letrado, la importación de gran número de pianos, el enorme prestigio que gozó la música de salón y teatro, entre otros sucesos”.

El proyecto encabezado por Juan Ramón Sandoval contó con la colaboración de Susana García Linares, cantante e investigadora, y de Amparo Gómez, investigadora del Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec, quien donó obra al recinto museístico y aportó la visión histórica de los textos que acompañan a la grabación.

La interpretación musical estuvo a cargo del tenor Luis Alberto Sánchez, del Ensamble Vocal Ehecatl, integrado por la soprano Norma Gutiérrez, la mezzosoprano Itia Domínguez, el tenor Roberto Huitrón y el bajo Jorge Gutiérrez, con la dirección musical de Juan Ramón Sandoval.

El material ya está disponible en las tiendas de los museos del INAH y en las librerías Educal.

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