Por Laura Trejo

Este año cumplirías 50, como el movimiento del 68. Es curioso cómo todo se une en un punto para hacernos visibles o reconocernos en el otro.

Te conocí en el extinto Ballet Teatro del Espacio (BTE), durante muchos años fui a las funciones de esa compañía, así que te vi bailar varias veces. Me gustaba la forma en la que te veías y te movías, tenías una elegancia particular en tus movimientos; destacabas por tu técnica, generosidad y pasión. Mientras estudiaba en la ADM pensaba que algún día tendría que danzar junto a ti, no sabía cómo, pero lo lograría.

Me gradué en el 2002. En el 2005 llegué a una producción un tanto extraña: “Ciudad Blanca, el musical”. Después de seis meses de montaje, algunos integrantes se fueron del proyecto y llegaron otros, entre ellos tú; cuando te vi estaba muy emocionada, nunca te lo dije y no me acerqué a ti hasta que alguien en común nos presentó:”¡Hola, Roberto!” Ese día se estaba cumpliendo un sueño.

En Ciudad Blanca fuiste mi partner y así mi danza comenzó a trazarse a tu lado. Fuiste muy dedicado conmigo, me ayudaste en las cargadas, las practicábamos, me aconsejabas para lograr tal o cual paso, reías conmigo y también criticabas ciertas cosas. Me gustaba mucho tu risa. Compartir el escenario y el salón de clases contigo fue un privilegio.

Después de Ciudad Blanca, ambos estuvimos en “Tierra Independiente” aproximadamente tres años. En ese periodo montaste tres coreografías, de las cuales solo bailé: “La Cita” y “Tres poemas de amor”, también montaste: “Una canción triste”. Los coreógrafos nos asignaban duetos casi siempre. Supongo nos veíamos bien. Te conocí más, tu casa, tu vida, tus pasiones, lo que te hacía enojar y vibrar.

Un día te escribí una carta, al leerla me abrazaste y lloraste, no sabía qué hacer, solo correspondí tu abrazo. Para mí fue un acto muy íntimo. Recuerdo que me tratabas distinto a mis compañeros, me exigías mucho y tenías más cercanía conmigo que con los otros integrantes de la compañía. Alguna vez alguien me dijo: “Yo no sé por qué Roberto te quiere tanto”. Yo sonreí, pensaba que era magia la que entonces notabas en mí.

Me rompí el pie en 2009. Me mandaste mensajes de texto el tiempo que estuve en cama. Cuando me recuperé me invitaste a bailar contigo por tus 25 años de carrera artística. Acepté después de estar casi cuatro meses sin pisar un escenario. Ensayaste conmigo casi a diario con mucha paciencia y volvimos a bailar duetos de tus obras: “Cerca de ti” y “Fascination Street”.

Estas piezas las llevo en el corazón. Fueron muy difíciles para mí por la interpretación, sentía que me faltaba madurez, sin embargo todo fue fluyendo. Tu experiencia hacía que todo fuera más sencillo. A cada instante tenías la palabra precisa, la corrección, las metáforas exactas y finalmente todo salió mejor de lo esperado. Confiabas en mí y me decías que solo me quedaba disfrutar y creérmela. Nos presentamos en Los Talleres, fue un éxito la temporada, hubo mucha gente que no alcanzó lugar y se quedó de pie o en las escaleras. Estabas muy feliz.

Bailar contigo era celebrar y me hacía también muy feliz. ¡Imagina, algo que deseaba desde niña seguía haciéndose realidad!

En 2010 me seleccionaron para la beca del FONCA, tenía que presentar un solo en la audición. Te conté y me abrazaste con esa sonrisa que te caracterizaba. Te dio gusto por mí y sin más me dijiste que me ayudarías, me obsequiaste un solo tuyo: “Des-nudo”. Comenzamos a ensayar en tu casa, en la ADM, donde se podía. No pudiste ir a la audición tenías trabajo, Mitzy me acompañó. Presenté el solo ante el jurado, y en octubre ya era Becaria del FONCA del programa Creadores Escénicos, categoría A, danza contemporánea. La primera mensualidad festejamos y te agradecí por haber creído, todo esto significaba mucho para mí. Era la tercera vez que aplicaba para esa convocatoria y finalmente me habían seleccionado por bailar una de tus piezas.

Ambos seguimos haciendo nuestros proyectos por separado y a veces coincidíamos en otras compañías como: Momentos Corpóreos, donde también bailamos un dueto.

Después de tiempo me llamaste para realizar otra coreografía: “Déjà vu”. Tu plan era ir de gira a Estados Unidos, sin embargo eso no se logró. Tuvimos oportunidad de estrenar un fragmento de la obra aquí, en la Ciudad de México. Fue la última vez que bailamos juntos. Poco después enfermaste, estuviste en el hospital, fui a verte. Era el mismo hospital en el que me colocaron el yeso cuando me fracturé. Te llevé un muñeco de peluche, pensé que quizá te haría falta compañía.

Cuando lo viste lo abrazaste y vi tus ojos un poco llorosos. Me dijiste que nunca te habían regalado un peluche. Sonreí, pero también quería llorar. Me salí por alguna cosa que necesitabas, hice tiempo para que se me secaran las lágrimas y regresé. Estuve buen rato platicando contigo, aún con todo reías.

Te recuperaste y seguimos ensayando. En algún momento un amigo en común, me dijo: “Tú eres especial para Roberto”. Yo pregunté por qué y respondió, “porque él nunca ha tenido en su casa fotos de nada ni nadie y desde hace tiempo hay una foto donde ambos están bailando”. Yo sabía a qué foto se refería, pero como siempre la había visto en tu casa pensé que era normal, nada especial. Desde ese entonces me sentí privilegiada, significaba que era digna de trabajar contigo y que tú te sentías orgulloso de mí.

En 2013 comimos por última vez, habías estado muy enfermo semanas antes. Nos vimos en el Samborns de División del norte. Al final te abracé largo rato, había sido tu cumpleaños, te dije que te quería mucho. Al mes, un 11 de julio como hoy, nos separó la muerte, lloré como nunca, me derrumbé en el metro varias veces. No lo creía, y más que nada, no lo soportaba ¿por qué? ¿por qué chingados la vida me hacía esto si yo tanto te debía? Ahora que había encontrado la pareja ideal para bailar la bendita muerte me lo arrebataba. Tenía temporada de “Medea Material”, y todo el dolor que sentía lo vertí a diario en las funciones, fueron las funciones más intensas y catárticas que di hasta que poco a poco fui sanando el dolor.

Desde entonces, cuando bailo te evoco y siento que de algún modo vives en mí, me acompañas desde donde estás. También, al igual que tú, conservo en mi cuarto fotos de ti en el escenario: “La cita”, “Tres poemas de amor y Una Canción Triste, “Ausencia”, “De sueño en sueño”, “El espacio de lo íntimo”, “Cerca de ti”, “Fascination Street” y “Déjà vu”.

Una noche hace tiempo te soñé y te dije: “Yo estoy aquí, y tú ¿dónde estás?”

Me respondiste: “¡Bailando!”
¡Carajo te extraño, celebremos tus 50 años, Robert, que al mundo le sigues haciendo falta!

Sobre El Autor

Revista virtual de danza y disciplinas afines. El objetivo es ampliar la cultura de la danza en la población, creando un espacio para la expresión de distintas formas de pensamiento en el ámbito danza y que se reconozca el papel social de lo profesionales que lo ejercen.

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Una Respuesta

  1. Laura Trejo

    * Fe de erratas: la coreografía se llama “Ciudad Blanca”; la obra de Roberto se llama “Tres poemas de amor y una canción triste”.

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