México, 6 de julio de 2106

La compañía de danza contemporánea Mula Parda arrancó la temporada de El estado de las cosas, un espectáculo en el que confluyen imágenes inanimadas que capturan un instante de una realidad pasada con visiones de eventos fantásticos.

Mula Parda 2Bajo la dirección de la bailarina Virginia Amarilla, el espectáculo, que se presenta como la traducción de visiones, imágenes fijas y sueños a un lenguaje corporal, ofrecerá funciones martes y miércoles hasta el 27 de julio, en el Teatro Benito Juárez, de la capital mexicana.

De acuerdo con información de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, en la propuesta escénica participan la propia Virginia Amarilla y Carlos Martínez, egresado del taller Tiempo de Bailar, proyecto ensamble de Vicente Silva e Iván Ontivero.

Amarilla hace referencia a las fotografías, la imagen bidimensional y estática que indirectamente habla al espectador de un antes y un después; el residuo en el tiempo de una acción.

Se trata, destaca la información, de la exploración del potencial dramatúrgico de lo inmóvil, de rescatar el abanico de posibilidades teatrales que esconde y comúnmente pasa inadvertido.

Es un espacio donde todas estas expresiones encuentran libertad a través del movimiento artístico y el baile.

En la pieza, detalla, el terreno de lo onírico se suma a estas manifestaciones dancísticas, al convertir los sueños y visiones espontáneas de los miembros del elenco, en un mensaje dramático, donde cada una de las fantasías de los intérpretes cobran vida, desde pesadillas en las que uno de los bailarines contempla aterrado el crecimiento anormal de sus extremidades hasta el proceso de descomposición que la naturaleza debe enfrentar.

“La idea va detonando una cierta sensación de movimiento y nosotros a partir del recuerdo de un sueño identificamos cómo está el cuerpo en él, y exploramos qué es lo que puede ofrecer visualmente, cómo se puede llevar a la escena y traducir ese pensamiento a una expresión física”, señala la directora.

La propuesta, que no cuenta con una historia definida, conjuga la presencia de diversos elementos: metáforas visuales, en las que el mensaje, diferente para cada espectador, debe ser traducido a partir de recursos artísticos; símbolos, cuya relación con la realidad conduce a la reflexión, y elementos teatrales que configuran un escenario de ilusión y ensueño.

“La obra no es un intento de transmitir al asistente la idea específica del sueño o una imagen, sino que toda la obra lleve a la audiencia a una atmósfera onírica, en la que puedes ir de una cosa a otra sin necesidad de racionalizar”, acota Amarilla.

Mula Parda 1

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