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Del dios de la danza a la resurrección del cuerpo, Nijinsky

Del dios de la danza a la resurrección del cuerpo, Nijinsky

Samuel Hernández Huerta

 

No soy brujo. Soy Dios en un cuerpo

Vaslav Nijinsky

El filósofo Paul Valéry es maravilloso al escribir sobre la danza y comentar que los filósofos tienen que “compensar su ignorancia técnica y torpeza con alguna interpretación universal ingeniosa de este arte cuyas maravillas constata y sobrelleva”1 y digo maravilloso, porque es lo menos que puede hacer por nosotros; los inmóviles que apreciamos y nos permitimos atravesar por la imagen de esos cuerpos que danzan.

Recordemos que para Aristóteles la danza era la imitación del carácter que recubre nuestro ser, y en su poética se muestra como la mímesis de la vida. Descartes dijo: cogito ergo sum, acentuando la escisión del cuerpo con el alma. Spinoza cuestionó ¿qué puede un cuerpo? y con Nietzsche la danza se tornó como el empuje vital del hombre. Diversas maneras de pensar más allá de un cuerpo ordinario. El acto de creación, entendido desde el arte nos arroja a un embrollo sin salida: la vida.

 

Transcribir, traducir, transliterar

Es imposible pensar la danza sin el cuerpo. Ciertamente porque damos por hecho que el cuerpo es lo que habita el espacio en el que creamos la presencia. No obstante, el arte viene a interpelar la forma de construir la realidad, adelantando que toda acción u objeto puede ser interpretado o no, desde otras formas.

El arte posibilita una lectura alternativa a la gramática de lo cotidiano. Es con el supuesto esquizofrénico Vaslav Nijinsky, quien fuera aclamado y llamado dios de la danza por el público parisino al finalizar la pieza Las sílfides en 1909 que nos permite realizar una breve acotación respecto a la resurrección del cuerpo, no sólo como un organismo saturado de intensidades o un cuerpo que se organiza desde una partitura dancísitica, sino como un ejercicio de traducción de lo inefable.

Nijinsky, el ídolo roto como lo menciona Vallejo-Nájera en sus Locos egregios es una figura que trasciende y trastoca problemáticas aún vigentes en el campo de las artes, filosofía y psicoanálisis. Atañe a estos campos debido a que lo enigmático de su condición expone una fractura con la interpretación del lenguaje, de su decir y su acto de creación.

Las producciones e interpretaciones por parte de Nijinsky van trazando la secuencia hasta el brote de su desvarío. Es con su Siesta del fauno donde se hará visible la pérdida de la realidad para dar acceso a la reinvención radical del sujeto llevada a una de las máximas consecuencias: la locura.

Nuestro espacio de encuentro e interés radica desde una lectura permeada por el psicoanálisis y antes de continuar, es preciso apuntar que no interpreta a la obra de arte; por el contrario, insistimos fuertemente en que es el arte lo que viene a cuestionar el saber del psicoanálisis.

Aclarado lo anterior, partimos inicialmente con Pola Mejía Reiss, quien en su estudio acerca de Nijinsky, titulado El dios de la danza expone un lazo clave en la relación del psicoanálisis con la escritura y la danza: “La danza como escritura del cuerpo al cuerpo, del cuerpo al papel, del papel al cuerpo, explora la hipótesis de que en la danza, como escritura del cuerpo, predomina la transliteración, un modo de lectura que, para realizarse, requiere del escrito”2. El cuerpo está atravesado por el lenguaje y es justo con Nijinsky que dicho lenguaje se fractura y reivindica otra manera de crear desde su cuerpo una letra que se instala en otro orden de lectura.

 

 

Jean Allouch, en 1984 propuso tres operaciones para repensar la forma de la construcción del sin-sentido: transcribir, traducir y transliterar. Estas tres operaciones podemos ejecutarlas con el caso de Nijinsky para esbozar el tránsito de algo que permanece en el campo de lo inefable a lo nuevo por decir.

La transcripción regula lo escrito del sonido, la traducción se ocupa del sentido único como una brújula entre lo simbólico o imaginario y en la transliteración viene a ser el regulador del escrito, no con el sonido, sino con la letra. Esto se resume en una “escritura del sonido, del sentido y de la letra”3. Con Nijinsky en la Siesta del fauno podemos situar brevemente dichas operaciones en tres momentos:

1.- Transcripción. Las partituras nijinskeanas estaban fuera del tempo y ritmo canónico de las partituras de la época, si bien, el único que lograba leer dicha escritura era él. La novedad radica en que fue precisamente con la Siesta del fauno donde se crea el enigma de dicha partitura que será cifrada nuevamente hasta 1989 por las coreógrafas Ann Hutchinson y Claudia Jeschke. Situación que expuso que no hay división entre elementos de una partitura: música, cuerpo, tiempo y danza están enlazados en una misma escritura para ejecutarse en un cuerpo-lectura distinta.

2. Traducción. Para Nijinsky el cuerpo es una fragmentación; en cada acción, el cuerpo no precisa saberse de otro órgano o sistema para la ejecución de un movimiento puro, se adelanta a la visión del cuerpo sin órganos de Artaud. Nijinsky dijo: “Trabajo con los brazos y las piernas y la cabeza y los ojos y la nariz y la lengua y el cabello y la piel y el estómago y los intestinos”4.

3.- Transliteración. La escritura de Nijinsky tiene dos tiempos: primero como sano y después como loco. Nijinsky escribe su diario y crea partituras indescifrables, sólo cobran sentido a partir de la conexión entre otros apuntes; el diario y la deslocalización del propio cuerpo, es decir: la lectura de dicho escrito implicaría en el ámbito dancístico, repensar o atentar contra el cuerpo propio para hacerse de un cuerpo a partir de la letra.

 

La resurrección del cuerpo

En 1936 se publica una primera versión del diario de Nijinsky. Su esposa Romola es responsable de la edición, pero también de la alteración de los pasajes contundentes del antes y después de su internamiento psiquiátrico, intentando con ello, mostrar una versión literaria y más cercana de la razón. El diario dejó de escribirse el 4 de marzo de 1919 tras el internamiento definitivo del bailarín ruso.

“Dios comprende a Dios. El hombre es Dios y por eso comprende a Dios. Yo soy Dios”5. Nijinsky se incorpora y en tanto llamado Dios, está exiliado del otro. Tuvo que padecer el síntoma de la locura y desde sus infiernos transcribir las letras que se encontraban atoradas en el campo del lenguaje para transliterar desde otro cuerpo y desde su decir cifrado.

La escritura como soporte de la memoria y como lazo comunicativo no bastó para el llamado dios de la danza, fue necesaria la desarticulación de los signos que rigen los cuerpos inamovibles para resignificar el sentido del propio y a su vez, inventar una escritura que emergía de otro cuerpo que permitió simbolizar lo que años más tarde lo presentaría como esquizofrénico.

La resurrección del cuerpo desde de la letra es una posibilidad de devenir otro dentro del espacio coreopolítico que nos entrama. Nijinsky, ciertamente fue un dios, y tuvo que enmudecerse para emerger desde una escritura de sí, nueva y radical. Así, nuestro esquizo se anula de su lugar de enunciación para inscribirse en un lugar ajeno, pero no exiliado del otro, mostrando que el exilio es un fantasma necesario atravesar para seguir interpelando el enigma de la vida.

 

Bibliografía

Allouch, J. (2009). Letra por letra. Transcribir, traducir, transliterar. México: Epeele

Bastien, K. (comp.). (2015). Filosofía y danza. México: Conaculta.

Mejía, P. (2014). El dios de la danza. México: Me cayó el veinte.

Nijinsky, V. (2003). Diario. Barcelona: Acantilado.

 

Acerca del autor

Samuel Hernández práctica el psicoanálisis en la Cd. de San Luis Potosí, es integrante de Analítica Ojocaliente, colaborador y miembro del comité editorial de la revista Palabras cruzadas, ha colaborado en diversos espacios académicos y editoriales promoviendo una lectura del psicoanálisis y su relación con otras disciplinas. Es director general de Esquizia. Revista de psicoanálisis, filosofía y ciencias sociales. Actualmente coordina el proyecto Hiatus. Grupo de estudios en psicoanálisis SLP y es coordinador académico del área de Integración y literatura del Centro de las Artes de San Luis Potosí.

 

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