Por Adriana Góchez y Argelia Villegas

Alegría, amor, risas y caos, fue lo que provocó en los espectadores la compañía canadiense Les Ballets Jazz de Montréal, la lluviosa noche del pasado miércoles, en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris.

La compañía con dirección artística de Louis Robitaille, presentó tres piezas de su repertorio: O balcao de amor, del aclamado coreógrafo israelí Itzik Galili; Closer, del francés Benjamin Millepied, y Kosmos, del griego Adonis Foniadakis.

En la primera pieza que se presentó en el marco del Festival Danzatlán, O balcao de amor, Galili hizo un homenaje a la música latina música de Pérez Prado y temas como “Quizás, Quizás”. Para este “agasajo” musical los bailarines vistieron atuendos que evocaban a la década de los cincuenta.

Mostraron un baile relajado lleno de acrobacias, pero también de momentos cómicos. Una pareja de bailarines hacía el papel de bufón con sus movimientos involuntarios y dando sus mejores pasos con el objetivo ganar los aplausos del público.

Después de esta obra se hizo una pausa de cinco minutos y la atmósfera del escenario se transformó en un espacio sobrio con la coreografía Closer, del autor de la película El cisne negro y esposo de Natalie Portman.

Un dueto protagonizado por la experimentada bailarina Céline Cassone y Alexander Hille, quienes atraparon la atención del público durante 18 minutos, tiempo récord en los dúos que se presentan en el mundo, pero que parece detenerse por instantes, cuando los cuerpos se funden una y otra vez en una danza etérea y elegante.

Es la crónica perfecta del amor y sus caminos; dialogan entre pasión y entrega, ocupando todo, cada esquina del escenario se llena de un ritmo armonioso y miradas cómplices. Es un ir y venir de una pareja que no decide si estar o no.

Es fácil perderse con la música de piano del compositor minimalista Philip Glass, la audiencia une sus miradas en esa figura que parece un solo cuerpo aterciopelado.

Más allá de la música, prevalece un extraño silencio en la escena: los saltos y giros que ejecuta la pareja caen al suelo con belleza silenciosa.

Closer, demuestra que puede llevar a un nutrido público a levitar y sentirse envuelto por el mismo abrazo en que se entrega la pareja de baile. Todo en la obra es poesía, los cuerpos en movimiento expresando amor, entrega, pasión…

Después de este momento mágico, que el público agradeció con una “lluvia” de aplausos, vino el momento de Kosmos, una obra con una narrativa completamente contempóranea que a su vez es futurista.

A través de lo que parece una pantalla de realidad virtual los danzantes se convierten es una especie de constelaciones bailarinas.

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