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DANZA, BAILE O BAILABLE… ¿QUÉ SE BAILA?

DANZA, BAILE O BAILABLE… ¿QUÉ SE BAILA?

Natyam: Encuentro con la Danza de la India

DANZA, BAILE O BAILABLE… ¿QUÉ SE BAILA?

Donají Portillo

El bhangra rural tradicional. Algunas teorías acerca del origen de la palabra bhangra sugieren que se debe a la cosecha del bhang o cáñamo, que no sólo tiene fines utilitarios sino recreativos, que produce euforia en los participantes. (Foto: Bhangra Society, Loughborough University, 2016, https://www.lsu.co.uk/society/bhangrasociety/AboutBhangra/)

Pareciera sencillo (y resulta común) hablar de cualquier pieza dancística de la India refiriéndose a ella como “bailable”. No obstante, este sustantivo es inadecuado, de la misma manera que resulta inapropiado referirse a una cirugía de corazón abierto como “entretenimiento”.

Pongamos por ejemplo los bailables que todos tenemos que presentar en la primaria para, digamos, el Día de la Independencia: tenemos sones, polcas, o algún jarabe. Como su nombre lo dice, “bailable” es lo susceptible de ser bailado, aquello que puede ser copiado, que puede bailarse sin ser profesional, sin invertir muchas horas de práctica.

Sin embargo, a ningún profesor de primaria se le ocurriría montar con los niños la Danza de los Voladores de Papantla, la Danza del Venado, o la de la Pluma, puesto que requieren, la primera, de arriesgar la vida; la segunda, de narrar una historia que puede durar horas; la tercera, de entrenamiento físico para soportar el penacho de 4kg… y todas, de años de experiencia en un contexto ritual.

Mazoyiwa o Danza del Venado alude a la actividad cazadora-recolectora previa a la agricultura, por lo que se estima tiene más de cinco mil años de antigüedad. (Foto: Mazochoquim, s/f, http://mazochoquimcoreografias2.tripod.com/id2.html)

Es cierto que podemos ver una Danza del Venado (o Mazoyiwua) de escasos 10 minutos en el teatro, adaptada para cumplir con la convención escénica y descontextualizada del rito, aunque no debemos olvidar que año con año esta danza se interpreta en las fiestas de yaquis y mayos durante días enteros, se considera la danza más antigua de México y es patrimonio intangible de la humanidad. Por lo tanto, no ha sido tan trivializada como por desgracia lo han sido ciertos sones para cumplir con un compromiso escolar.

Por ello no debemos atrevernos a llamarles “bailables” a las danzas antiguas, a las piezas que requieren de entrenamiento constante por años y que provienen de entornos litúrgicos. Les seguimos llamando “danzas” para distinguirlas de los “bailables”, puesto que las unas sólo pueden ser ejecutadas por quienes han entregado su vida para aprenderlas, y los otros pueden aprenderse en cuestión de horas.

La danza yaqui en su contexto original no incluye los torsos musculosos y los saltos de ballet que solemos ver en su versión teatral. Sería irrespetuoso hacer un bailable con ella.

Por su parte, los bailes son piezas folclóricas casi siempre con temas festivos: los sones, polcas y jarabes de los que hablábamos al principio, siempre y cuando estén en su contexto original.

Bajo este requisito, aceptamos que el público puede sumarse espontáneamente a la fiesta (si el grupo social lo permite), no sin cierta dificultad: las sevillanas son un baile, no una danza, pero el turista que acude a la Feria de Abril en Sevilla puede encontrar complicado seguir a la maja más guapa, aunque ésta lo invite a acompañarla.

Los bailes no sólo se distinguen de los bailables en el grado de complejidad técnica, sino también en el de profundidad contextual: un bailarín que se dedica 20 años a aprender danza española no presenta “bailables” en un teatro: un chotís o una soléa en La verbena de la Paloma requieren de ensayar durante meses con escenografía, estudio del libreto, vestuario, utilería, apuntador y luces, elementos que un bailable no demanda.

Seguidillas de La verbena de la Paloma (Ricardo de la Vega, 1894). Música en vivo, escenografía, utilería, coros, diálogo, trazo escénico, llegar a la luz a tiempo… Ningún bailable tiene las complicaciones técnicas de un baile.

Lo mismo sucede en India: las danzas clásicas requieren de años de dedicación, constante entrenamiento, y un contexto literario (un canon o corpus complejo escrito) que las separa de las folclóricas.

De hecho, para el Sangeet Natak Akademi (SNA) −el organismo encargado de decidir cuál danza es clásica o folclórica− uno de los requisitos para alcanzar el nivel de “clásica” es que el estilo exija un entrenamiento tal que no pueda ser copiado por el público ni éste pueda sumarse espontáneamente al espectáculo.

El bhangra, por ejemplo, es un baile agrícola que tiene aproximadamente 300 años, al que toda la aldea (incluyendo niños y ancianos) puede incorporarse copiando los pasos, sin necesidad de basarse en una escritura labrada en piedra, aunque sí con todas las reglas establecidas por la sabiduría popular (literalmente, del folk-lore).

El bhangra acrobático que conocemos en América y que forma parte de los festivales universitarios canadienses o de las temporadas de futbol americano es una versión estilizada creada por la diáspora.

Clásicas o folclóricas, las danzas pueden ser litúrgicas, como es el caso de la Vandana −pieza del repertorio clásico cuyo nombre significa “reverencia”−, o el de los siddis de Gujarat, en cuyo ritual folclórico caen en trance.

En el caso de la Vandana, es necesario memorizar y comprender el texto sánscrito que se interpreta, además de aprender la gramática de los mudras (posiciones de las manos), la secuencia de movimientos (pies, torso, ojos, cejas) y el trazo escénico. En tanto, para los siddis, hay que entender el orden jerárquico de los participantes, las distintas partes del ritual, los textos a cantar y, si se practica lo suficiente, quizás se corra con suerte de romper un coco con la cabeza.

La tribu siddi, musulmanes sufíes descendientes de bantúes que llegaron en barcos árabes al subcontinente indio. Se cree que siddi provenga de sahib o sayyid (“monseñor”, en árabe). (Fotograma tomado de Spectacular Siddi Dhamal at Udaipur’s 2013 Shilpgram Utsav, Udaipur Shakti Works, 2014, https://www.youtube.com/watch?v=zTeLnZMmrYU)

Vemos, pues, como el bailable carece de contexto litúrgico, histórico o social ya que, desde el momento en que es montado con fines de consumo inmediato, se le descontextualiza. La palabra “bailable”, en las artes escénicas de India, sólo puede aplicarse al bollywood, pues se trata de un repertorio compuesto de secuencias repetitivas que pueden ser copiadas por la audiencia.

De hecho, la intención de las coreografías de esa industria cinematográfica es precisamente que los espectadores puedan aprendérselas fácilmente y repetirlas, como sabemos muy bien aquellos que hemos tenido la experiencia de estar en una sala de cine en India y contemplar cómo el público canta y baila con la película. Es en este caso que sí hablamos de entretenimiento, puesto que la intención es, literalmente, “tener entre”, distraer, divertir.

Aclarados los usos de las palabras “danza”, “baile” y “bailable”, escoja el lector si gusta de danzar, bailar o aprender bailables. Pero eso sí, no llame a unas por otros, por favor.

Cantar, tocar el tambor, danzar, romper cocos, lanzar fuego… Poco recomendable para un bailable, pero con constancia y años de disciplina, quizás algún extranjero pueda aprender esta danza.

Acerca del autor

Danza-RevistaMX

Revista virtual de danza y disciplinas afines. El objetivo es ampliar la cultura de la danza en la población, creando un espacio para la expresión de distintas formas de pensamiento en el ámbito danza y que se reconozca el papel social de lo profesionales que lo ejercen.

3 Comments

  1. Eduardo

    Además de exponer su usual carencia de habilidades de redacción, este texto no deja de parecerme un plomazo de definiciones arbitrarias que ni siquiera buscan acuerdo en una fuente común. Debería de superar la perspectiva aduladora de la “danza clásica” y enfrentar un estudio serio. Tal vez su escasa preparación académica se lo impida, como muestra su ausencia de referencias.

    Responder
    • Gani

      Si se requiere una referencia bibliográfica -sin ir más lejos ni armar más alboroto- se puede recurrir a alguien tan conocido y del calibre de Howard Gardner que es citado en este texto proveniente de http://www.buenastareas.com/ensayos/Qué-Diferencia-Hay-Entre-Danza-y/7214513.html, y que, avalando la categorización de la Maestra Portillo, nos dice: “no siempre se baila para comunicar algo en sí, sino que se puede bailar por alegría, diversión y desfogue de energía, siendo una práctica como dice Gardner (1991, 28) en forma de juego (libre y espontáneamente); por el contrario, la danza comunica un estado vivido, la cual va mas allá del simple juego (sin querer decir con esto, que el que danza no juega; pues también se puede jugar con gran significación y no sólo por divertirse) siendo a su vez, más extensa y holística que el baile.”
      GARDNER, Howard. La danza. En: Revista Kinesis Vol 2 Nº. 6. Bogotá. D. E. (abril de 1991). Res. Min. Gobierno 2113/89.

      También está el artículo de Rafael Tobías Raguel, en http://www.folkloretradiciones.com.ar/c_rafael_tl/Baile%20y%20Danza%20en%20el%20Folklore.pdf

      Más útil sería intentar ser reflexivos y constructivos, en lugar de estar tratando de descalificar sin proponer ni aportar nada valioso.

      Responder
  2. gani

    Si se requiere una referencia bibliográfica -sin ir más lejos ni armar más alboroto- se puede recurrir a alguien tan conocido y del calibre de Howard Gardner que es citado en este texto proveniente de http://www.buenastareas.com/ensayos/Qué-Diferencia-Hay-Entre-Danza-y/7214513.html, y que, avalando la categorización de la Maestra Portillo, nos dice: “no siempre se baila para comunicar algo en sí, sino que se puede bailar por alegría, diversión y desfogue de energía, siendo una práctica como dice Gardner (1991, 28) en forma de juego (libre y espontáneamente); por el contrario, la danza comunica un estado vivido, la cual va mas allá del simple juego (sin querer decir con esto, que el que danza no juega; pues también se puede jugar con gran significación y no sólo por divertirse) siendo a su vez, más extensa y holística que el baile.”
    GARDNER, Howard. La danza. En: Revista Kinesis Vol 2 Nº. 6. Bogotá. D. E. (abril de 1991). Res. Min. Gobierno 2113/89.

    También está el artículo de Rafael Tobías Raguel, en http://www.folkloretradiciones.com.ar/c_rafael_tl/Baile%20y%20Danza%20en%20el%20Folklore.pdf

    Más útil sería intentar ser reflexivos y constructivos, en lugar de estar tratando de descalificar sin proponer ni aportar nada valioso.

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