Escrito y fotografía por Mariana Torres.

Es la segunda semana de noviembre y el Conservatorio de Danza de Yucatán se convierte de a poco en la casa del Festival Yucatán Escénica: el color rojo que caracteriza la publicidad de esta novena edición, las pancartas que van vistiendo el recinto donde anuncian la llegada de distintos países, los pasos apresurados, el teléfono que no deja de sonar y los medios que llegan paulatinamente para su entrevista en turno, se vuelven un cotidiano que durará nueve días. 

Para adentrarnos un poco en el viaje de esta semana y media hay que recordar, desde las palabras de su fundadora y directora Lourdes Luna, que el Festival Yucatán Escénica, nace de la necesidad de hacer un festival en casa que abriera las puertas a distintas propuestas nacionales e internacionales, con el propósito de mostrar lo que está ocurriendo con la danza en distintas partes del mundo. Se muestra como una oferta cultural que impulsa la visibilidad de distintos proyectos que van desde una línea teatral y narrativa, hasta una más cotidianamente conocida (para un festival de danza) como la danza contemporánea.  

Uno de los pilares que sustenta al Yucatán Escénica es su organización, donde los mismos integrantes de la casa se involucran para apoyar y dar la bienvenida a los invitados. Todos los jóvenes de la compañía sede, Créssida Danza, se dividen las tareas para ser anfitriones y atender las respectivas tareas para que todo salga al pie de la letra tal como se planeó desde la dirección y la producción. 

Las funciones ocurren dentro del Conservatorio que cuenta con una caja negra a la que le llaman Sala de arte, donde caben alrededor de 80 personas, y en la que cada noche de esta semana y media por contarles, se llena de distintas atmósferas gracias a la iluminación y los elementos escenográficos de cada pieza. 

Llegamos al primer día, 9 de noviembre, y como cada año Créssida Danza, abre las puertas del Festival inaugurando con su más reciente creación, que esta vez quedó a cargo de la coreógrafa y directora Lourdes Luna con la obra Gota: acciones mínimas convertidas en mar recientemente estrenada en el Palacio de Bellas Artes.  

Es difícil decir que lucía idéntica la escenografía al igual que en el verano en la Ciudad de México, pero logró adecuarse la pieza al espacio dentro de la caja negra. Como espectadora, no puedo contarles mucho porque mi papel lo desempeñé como intérprete pero me parece interesante escribir desde este punto de vista también.  

Desde dentro siempre es distinto lo que se vive y para nosotros (los integrantes de la compañía) fue un reto adecuar el espacio y los traslados con los objetos que teníamos dentro, eran diez puffs blancos que movíamos por todo el cuadro negro y como el público está taba tan cerca había que tener mucho cuidado de respetar los planos. Gota es una pieza que transcurre por diversos matices y más allá del movimiento como bailarín, uno debe también comprometerse con la interpretación para generar ese cambio de atmósferas que requiere la pieza. 

Al día siguiente, 10 de noviembre, entramos en otro capítulo distinto, Íntimo Alterno, que es una función especial compartida, donde se presentan distintas propuestas de jóvenes creadores mexicanos, con la finalidad de impulsarlos dentro de la movilidad y visibilidad dancística. Me parece que este año la propuesta fue más arriesgada, y cuando digo esto es por el público en general que muchas veces no espera ver distintas propuestas en un solo día; las tres obras que se presentaron tenían sus particularidades: Isaí González con Palíndromo, que presentó un trabajo autobiográfico, teatral y más desde la crítica a través del cuerpo, donde desarrollaba imágenes que aludían a una protesta sobre el mismo, la diversidad sexual y la actual situación de violencia de género; para luego pasar con Zurisadai González y su propuesta a dueto Eco’s… volar diez mil que se desarrolla sobre un pequeño cajón de madera de 1.20m de largo por 1.20m de ancho, donde dos personas realizan movimientos rápidos, precisos, tratan de no caer, volar, suspenderse y al mismo tiempo aterrizar en esa pequeña superficie que los limita; por último El Sonido del Silencio, de Signos Vitales danza que presentó un trabajo donde cinco mujeres interpretaban necesidades y situaciones femeninas desde un lenguaje más dancístico. 

El resto de la semana quedó a cargo de compañías provenientes de México, Colombia, Perú y tres de España. Llega el 11 de noviembre, y voy a platicar un poco sobre la participación de Plataforma Híbridos (Colombia); esta presentación abrió las puertas para que dos culturas distintas se conocieran y colaboraran juntas, mexicanos y colombianos estuvieron bajo la dirección de Alexi Marimón, que llevó a cabo el remontaje de Comala con un grupo de bailarines colombianos, tres bailarines yucatecos y los estudiantes del Grupo Especial Becado del Conservatorio de Danza de Yucatán; me parece una propuesta enriquecedora por que los jóvenes conocieron de primera mano cómo es trabajar a marchas forzadas (ocho días aproximadamente) en el ámbito profesional, y esto se traduce también como un intercambio en la que cuerpos distintos se comparten, se conocen y de manera sutil se fusionan en el escenario.  

El 12 de noviembre estuvo estelarizado por Íntegro (Perú), dirigido por Óscar Naters y Ana Zavala con la pieza Spirala. Si antes mencioné  los matices del festival, aquí es donde nos encontramos con otra puerta que nos lleva a lo simbólico, al sueño, a un espiral de recuerdos que se representan en el cuerpo de mujer que fluye en la perpetuidad del repensar interno, en lo que la conforma y le forma el cuerpo y su estado, a luz tenue y proyecciones que evocan otros universos, que para el espectador es como si se autoproyectara en el limbo de la memoria donde están todas las imágenes y pensamientos flotando para esperar ser recordados. 

Nos vamos al 13 de noviembre donde Lamajara (España) nos deleitó con Al Voltant, un juego entre dos individuos inmersos en las posibilidades del espacio donde se atreven a jugar con la luz, la música y sus corporalidades. De un movimiento sutil pero bien marcado Daniel y Reinaldo exponen su amistad y compañerismo, donde desarrollan una relación real de semejanzas y al mismo tiempo ideas discordantes a través del movimiento, me parece que cuando una pieza de danza logra decir todo lo que quiere con el cuerpo, acierta de manera contundente porque el espectador se engancha y se vuelve parte del trabajo. Y me atrevo a decir esto porque al final de la presentación hubo una charla abierta con el público donde el mismo hizo la pregunta a los creadores del por qué no abrían la pieza para interactuar con el espectador. 

El 14 de noviembre dio lugar a dos actividades dentro del Festival. Una fue el Jam de improvisación, que se llevó a cabo en el Museo Fernando Ponce MACAY, donde se convocaron a artistas de todas las disciplinas a participar. La otra fue la presentación de Laura Vera (Oaxaca) con El Signo de la Mariposa, donde Laura mutó su cuerpo de gusano en crisálida a mariposa que revolotea, que recuerda, que protesta desde la imagen y se mueve desde la música, se fragmenta con lo sutil de la transformación y nos trae a escena sus raíces de tierra, de campo, su visión social sobre lo natural mutado a un alebrije humano que sensibiliza a quien le ve y le escucha. Entre Laura y su esposo Eduardo Farrés, músico y compositor transformaron el espacio de la Sala de Arte en una fotografía de naturaleza que se puede ver y escuchar. 

Antes mencioné que el Festival abre sus posibilidades a diversas propuestas y una de ellas, que es crucial en el desarrollo del mismo, es la noche de Hip Hop. Este evento nos lleva al 15 de noviembre, que fue precedido por una función especial dedicada al espacio de coreografías creadas para los estudiantes del Grupo Especial Becado del Conservatorio. Entonces este día es muy rico por que proyecta a los jóvenes desde dos puntos de vista, el contemporáneo y el urbano, donde les permite ver qué está realizando cada uno e invita a la convivencia, en el que los chicos de contemporáneo pueden entrar a las batallas tal cual sucede en el ámbito de danza urbana, defendiendo su estilo contemporáneo y así enfrentar a los increíbles cuerpos de bboys hip hoperos, mismos que defienden su escuela de calle ante los ojos de bailarines de duela. 

Ya casi nos despedimos del festival, entre pláticas de danza, comidas compartidas en el área común, ensayos y música resonando en todo el bodegón que alberga a Créssida, pero no nos vamos todavía sin dejar de mencionar la presentación de Nerea Martínez (España), que nos adentró en un universo Vasco, donde un instrumento muy peculiar llamado Txalaparta, al cual le encontré un parecido a la marimba mexicana, llenó la atmósfera de un sonido que envolvía la danza regional vasca fusionada con la danza contemporánea. Nerea nos regaló imágenes y movimiento que flotaban con un pedazo de tela convertido en faldón, en cascada, en ola de mar que lleva a un cuerpo de un lado a otro, a otros universos creados gracias a su visión fusionada en dos estilos de danza diversos y reinventados.  

Este 16 de noviembre, es el día que muchos de los integrantes e invitados esperan durante la semana, una vez más Créssida se transforma pero ahora con bola disco, luces y sonido en el patio del frente donde se crea un festejo y convivencia en el que artistas y público están a la par para disfrutar en una fiesta que ofrece la organización del festival; no es una función, pero parece un performance muy bien improvisado en el que la mayoría baila salsa, bachata, pop y otros géneros, otros comen del menú mexicano y observan el fenómeno que va transformando la fiesta y el resto se va despidiendo con caras melancólicas de los artistas que estuvieron durante la semana. 

Ahora sí nos vamos con el último evento, viernes 17 de noviembre, donde D’Click (España) estuvo a cargo de la clausura con su obra Isla y esta vez tocó a uno de los teatros principales de la Mérida, el Teatro Peón Contreras, cerrar con broche de oro el Festival; esta compañía ofreció un espectáculo circense con temática para desarrollar una historia de tres personajes varados en una isla que se desenvuelven en medio de la locura y las acrobacias, el público respondió de manera muy positiva, creo yo por que este tipo de puestas en escena tocan lugares emotivos y nos recuerda cuando éramos niños y a las pequeñas sorpresas que nos detonaban risas y llamaban nuestra atención.  

El público se puso de pie, y yo también lo hice porque me transportó a lugares de la memoria que reviven mi atención y mi emoción. Y creo que de eso se trata un poco este arte, existen propuestas y ofertas culturales que no son danza, pero con certeza es indispensable voltear hacia otros espacios y creaciones que nos invitan a viajar en el inconsciente para hacernos historias de otros lugares y tiempos, para transformar nuestra realidad y entonces detonar ideas nuevas. 

El Festival Yucatán Escénica termina después de nueve días de un viaje que atraviesa la danza, el teatro, el circo, la acción, las luces, las emociones, el repensar, el preguntarse porqués. Abrir espacios para crear público no es una tarea fácil, aunque las funciones la mayoría eran de entrada libre todavía se ve un público rejego ante el tema de la danza contemporánea, de una danza que ahora incluye de todo y no se entiende fácilmente, nos enfrentamos a un público que está acostumbrado a la marejada de las redes sociales, la tecnología, la globalización, la fluidez de información, a ir al cine (no por demeritar este arte) lleno de una gran producción, gran sonido y trama a veces un tanto digerida, que a veces cuesta (y me cuento) entrar en una psicología abstracta como es la escena contemporánea. Es por eso que creo importante que existan este tipo de espacios y se siga apoyando este tipo de proyectos que año con año buscan conectar al público con realidades distintas a las que está acostumbrado a consumir. 

 

 

 

 

 

 

 

Sobre El Autor

Revista virtual de danza y disciplinas afines. El objetivo es ampliar la cultura de la danza en la población, creando un espacio para la expresión de distintas formas de pensamiento en el ámbito danza y que se reconozca el papel social de lo profesionales que lo ejercen.

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