* Con apoyo del PECDA llevará danza a escuelas, casas de cultura y hospitales de Guanajuato

México, 7 Ene

Con la intención de mostrar su trabajo en el escenario y de propiciar una relación más horizontal entre el ejecutante y el público, la bailarina Cristina Solórzano Ruiz (1986) creó el proyecto “Complot: arriba la danza”, integrado por tres coreografías cortas de danza-teatro, danza contemporánea y videodanza.

Con el apoyo del Programa de Estímulo a la Creación y al Desarrollo Artístico (PECDA), otorgado por el Instituto Estatal de la Cultura de Guanajuato y el gobierno federal, a través de la Secretaría de Cultura, Solórzano Ruiz diseñó este programa debido a que la danza en algunas ocasiones suele ser un producto cultural que tiene poca articulación con la sociedad.

“Hay presentaciones de danza que pueden amalgamarse con la comunidad, pero observo que en Guanajuato, en particular, hay una distancia entre la danza y el público: el artista baila, el público aplaude, se prenden las luces y se termina la función. Queda la resonancia en términos de ‘me gustó, no me gustó, bailó bonito, bailó así’, expuso la artista de 29 años de edad.

De declaraciones difundidas por la Secretaría de Cultura, Cristina Solórzano comentó que su proyecto consiste en realizar y ejecutar tres coreografías cortas de danza-teatro, danza contemporánea y videodanza de aproximadamente 20 minutos de duración.

La intención es llevarlas a espacios donde no es común ver este tipo de presentaciones, como escuelas, casas de cultura y/o hospitales de cinco municipios del estado, para luego de verlas los espectadores hablen con los ejecutantes, pregunten sobre el proceso de creación o compartan los sentimientos o emociones que les generó las piezas coreográficas.

Detalló que “Complot: arriba la danza” surgió tras observar en los municipios guanajuatenses la gran divergencia que existe entre la propuesta dancística y el espacio cultural. “Luego de ver y escuchar que los organizadores en casas de Cultura ni siquiera saben el nombre de la compañía o de la danza que presentaban”, sostuvo.

La bailarina, quien ha tomado talleres con Susanne Linke, Yumiko Yoshioka y Natsu Nakajima, dijo que su proyecto es un experimento para investigar cómo pueden crearse diversos dispositivos a fin de no sentir como que uno habla un lenguaje y los demás otro, y no hay traductor.

“Una cosa es la experiencia estética, que no necesita mediación o explicación, pero otra es la distancia que a veces se hace grande, en especial con la danza y con públicos que no tienen tanto acceso cultural o educativo a ella”, precisó.

La también integrante de la Compañía de Danza Experimental Lola Lince, adelantó que las piezas se centran en el papel que ocupa la mujer en la época contemporánea en relación con lo que hacía antes en ámbitos como el hogar, la familia y los lazos sociales.

“Me emociona aprender tres piezas distintas, puedo crecer en mis conocimientos como ejecutante, pero también me entusiasma hacer un dispositivo distinto donde se haga la danza pensando en un diálogo posterior, el cual incluya a quien la experimenta en un proceso de retroalimentación”, expuso Cristina Solórzano.

Finalmente, la bailarina indicó que en este mes de enero regresará a Guanajuato para realizar la coreografía de la videodanza y tener las tres piezas listas, para después presentarlas en conjunto con otros becarios

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Revista virtual de danza y disciplinas afines. El objetivo es ampliar la cultura de la danza en la población, creando un espacio para la expresión de distintas formas de pensamiento en el ámbito danza y que se reconozca el papel social de lo profesionales que lo ejercen.

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