Laura Trejo Cortés.

Hace un año fui a una audición, de cuyo nombre no quiero acordarme, solicitaban bailarines profesionales con conocimientos de folklor, ballet y danza contemporánea. Me seleccionaron; la siguiente fase consistió en acudir a un proceso de montaje y entrenamiento: durante 15 días nos dieron clases de danza clásica, contemporánea, folklor y repertorio, flamenco, jazz y algunas ocurrencias. Queridos lectores, ¿ustedes creen que se necesitan dos semanas para saber quién es apto para una obra y quién no? Pues no, realmente en un par de horas se sabe y más si requieren individuos talentosos y preparados para bailar diferentes técnicas.

El plan era entrenar, montar el show, estrenar fuera de la ciudad de México y continuar con funciones todo el 2017. Sonaba bien hasta ahí. Pasaba el tiempo y los directivos retrasaban las pláticas con nosotros, los intérpretes. Decidimos presionar hasta que pudimos hablar acerca del proyecto: de qué trataba, quién se haría cargo de la puesta en escena, cuánto y cuándo nos iban a pagar, cuál sería el horario de trabajo, los contratos, entre otros puntos. La gente al mando del espectáculo se negó a dar información hasta tener el elenco definitivo: “No olviden que están compitiendo por un lugar” (sin embargo yo no podía dejar de lado la convivencia con los colegas que estaba conociendo. ¿En el arte se compite?).

En la última etapa de pruebas, entre los 20 elegidos, escuché mi nombre. Oficialmente era parte del equipo, no obstante había muchas irregularidades. Personas que acudieron solamente los últimos dos días y ni siquiera dominaban la sexta posición* estaban en la lista final. Algo no estaba bien.

Injusticias e incongruencias existen en todos lados y en cualquier gremio, pero el colmo de la contradicción era el director de escena: un arquitecto. ¿Qué hace un arquitecto dirigiendo una pieza dancística? ¿Por qué metió a su novia, amigos y conocidos a un proceso en el cual había profesionales que llevábamos dos semanas? ¿Si ya había personajes y acuerdos, para qué se realizó un casting? ¿Para dar credibilidad?

Me citaron para la firma del contrato, al pasar con el gerente de la empresa que emitía dichos documentos me dijo: “Tú estás en este tabulador. Puedes subir en la escala cuando las condiciones de la obra y tu desempeño lo acrediten”. Le respondí: “Si hay tabuladores es porque hay personajes principales. Y, ¿quién va a medir mi desempeño: usted, que trabaja para una empresa automotriz o el arquitecto director de escena? ¿Cómo piensa usted que voy a subir de tabulador si ya están dados los lugares?”. No respondió nada. Era evidente que no habría un ascenso, mucho menos un aumento de sueldo. ¡Además, en los roles principales estaban los individuos que solo habían asistido al final de la audición y no eran bailarines!

Si yo aceptaba ese trabajo, en el cual no se me iba a pagar lo que valgo por mi trayectoria y experiencia, no habría sido congruente con lo que me ha costado llegar a donde estoy. Sí lectores, quizá podrán pensar, “¡Hubiera dicho ‘sí’ con tal de tener algo seguro!”, pero recibir esa cantidad significaba varias cosas: mantener una farsa en la cual alguien no apto estaba “dirigiendo” ese espectáculo, dejar pasar que personas sin conocimientos básicos de danza estaban ya en el montaje e incluso con un papel designado, y sobre todo era admitir que no estaban valorando las trayectorias y el tiempo de los artistas que nos habíamos involucrado en su proceso de pruebas.

Rechacé la oferta. Después de meses me enteré que despidieron al arquitecto (nunca supe por qué tardaron tanto en desenmascarar a un charlatán. Todos nos habíamos dado cuenta menos las cabezas del proyecto). Quienes sí aceptaron dieron funciones fuera de la ciudad, sin embargo todo lo que prometieron (trabajo seguro por 6 meses, posibilidades de crecimiento, extensión del contrato y hasta crédito para comprar un auto), se fue al carajo.

De ese periodo rescato la amistad y complicidad con varios de mis compañeros (con varios de ellos mantengo contacto y hemos trabajado juntos); conocerlos y conocerme; observarlos reír y mirarnos a los ojos al hacer lo que amamos: bailar.

Gremio de la danza: debemos tener cuidado a quiénes elegimos de líderes, directores, coreógrafos y bailarines; tenemos que informarnos de las trayectorias de nuestros jefes y colegas, qué han hecho, dónde bailaron, su experiencia laboral, etcétera; preguntar siempre de qué tratan las piezas coreográficas, horarios de ensayo, cuánto y cuándo van a pagar, condiciones, llegar a acuerdos, saber negociar para un beneficio de ambas partes, pero sobre todo debemos amarnos a nosotros mismos y a nuestra profesión. No se vale que quieran tomarnos el pelo. Hay que ser profesionales y congruentes, ¿por qué aceptar poco por saber hacer lo que más amamos después de tantos años de estudios y preparación? Cobramos por lo que sabemos. Basta de charlatanes y de audiciones poco serias.

Continuará.

*Sexta posición: o pies en posición paralela. Las puntas de los dedos de los pies están al frente y las piernas alineadas.

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